Colapso
Me he estado preguntando los últimos tres meses que he leído mucho menos sí ya era sana mi manera de hacerlo.
La verdad es que sí alguien quería hablar conmigo trataba de ser muy breve y llegué a ser hasta cortante con quien no lo merecía. Comía muy rápido. No prendí la TV en dos años aproximadamente más que en unas muy contadas veces. Me bañaba con mucha prisa. Le daba poco espacio al ejercicio. El trabajo lo sacaba muy bien pero debía ser bajo presión autoimpuesta por hacerlo correcto para lograr más tanto en calidad como en cantidad. Veía muy poco a mi familia y no me interesaba el mundo que no tuviese que ver con la Literatura y la Música. Eso sí, me daba el lujo de salir a museos y lugares interesantes algunos fines de semana.
Dos años leyendo muchísimo y dándome cuenta cuántas cosas no sabía. Con unas expectativas enormes de tener la comprensión perfecta de los libros así como de hacer apuntes sin una sola letra encimada, sin usar corrector y bellamente trazada.
Estuvo muy chingón darle tan duro a la lectura hasta que mi cuerpo colapsó.
De repente empecé a bloquearme al leer por buscar expectativas irreales y me sentí muy cansada.
En los últimos meses he seguido trabajando pero menos horas. Me he aplicado más al ejercicio. Leo varios libros a la vez pero también hablo más con mi familia habiendo una mucho mejor relación. Veo documentales de vez en cuando y una que otra película. Echo el coto más que antes con conocidos con quienes puedo reír. Me alimento con más gusto y tiempo. Me baño con calma y de vez en cuando estudió algo de francés.
Creo que tuve una obsesión irreal por leer y escribir. La compulsión era hacerlo diario el mayor tiempo posible y de forma acertada sin permitirme margen de error. Lo logré sí, pero dos años.
Finalmente, decidí dejar en stand-by mi segundo libro que edité muchas veces sin haberlo publicado aún y no preocuparme patológicamente por ello. También decidí que mi letra no debe ser perfecta y que si un día no leo tampoco es el fin del mundo.
No me arrepiento de ninguna forma de todo lo que aprendí pero sí me siento mejor de hacer varias cosas a la vez. Me hace feliz no dejarme llevar por obsesiones perfeccionistas que literalmente me quitaban el sueño y hasta me hacían tener más errores.
Hoy, por ejemplo, pise un buen rato un centro comercial donde compre ropa sin prisa por llegar a la librería y sin culpa de gastar en algo que no fuesen libros.
¡Qué bien se siente el ahora!
Tras nueve años estoy acostumbrando a vivir sin mi padre. De hecho, estoy regresando.
Alejandra Villa
Aleluca Villana
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