La Sra. destrozada

Veo afuera de una conocida cadena de tiendas de autoservicio a una señora vendiendo flores. La Sra. llora. 

No le compro flores, pero le doy algo que podría mitigar su hambre al menos por unos pocos días. Le tomo la mano y le preguntó: Sra, ¿qué le sucede?

Pensé que su respuesta sería simplemente económica, pero la Señora me dice que tiene un familiar con Cáncer. Triste yo también, trató de regalarle una pequeña sonrisa. 

Sábado y Domingo veo en el mismo sitio a la Señora, llorando y vendiendo flores. La saludo y le vuelvo a dar algo para comer. 

Es decir, puedo mitigar algunos días su hambre pero nunca su dolor. 

Mi padre murió de Cáncer, ¿qué le puedo decir a la mujer? 

Nada, simplemente saludarle, darle algo de comida y una sonrisa. 
Tal vez deba ir a buscarla y preguntarle más a fondo quien de su familia trae Cáncer, sí está en tratamiento médico y dejarla desahogarse. 

¿Qué puedo hacer por la mujer?

Tal vez no mucho, a lo máximo darle un abrazo y desearle una bendición de un Dios en el que nunca he creído y menos en sucesos como los que vivimos los seres humanos. 

Es Lunes, por la mañana fui directo a una larga entrevista de trabajo donde por cierto no fui contratada. En la tarde llueve, y cuando deja de hacerlo digo que voy a la vistosa avenida donde siempre encontré a la mujer por unos encendedores pero en pijama. 

La Sra. destrozada ya no está allí, tal vez no aguantó el clima frío, la lluvia o la indiferencia social.  
Decido no regresar tanto a ese lugar porque regresé un poco frustrada por no saber cómo proceder ante una situación como tal. 

No es la primera vez que me pasa. 

Alejandra Villa
Aleluca Villana

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