¿Quién era realmente mi padre?
Para mí, hablar de Samuel Villa es un honor y ejemplo.
Mi padre era muy estricto y rudo. Un hombre de carácter fuerte y firme que me prohibió muchas cosas como no poder tener novio antes de los 18 años, yo no entendía en el momento porque era así hasta que en la adolescencia me di cuenta de que a muchas de las menores ya se las estaban tirando hasta con violencia, ahora le agradezco sus límites.
Fuera de esa imagen de un hombre pesado había algo interno muy bello: un hombre que detestaba la pobreza y podía dejar de comer para que otros comieran, perros bravos pero bien adiestrados y ciudados para proteger a su familia y amigos, un hombre que lloró por mí a mis espaldas cuando yo no me enteraba y me sucedía algo que no estaba en su control pero que a su manera me distraía llevándome al café con sus amigos, llevando a casa a gatos que rescataba porque soy fan de los felinos, un hombre que parecía algo neurótico pero en el fondo siempre vio por mí.
Recuerdo que cuando era niña, mi padre me dio el teléfono de su trabajo y yo le hablaba como tres veces cada tarde, al salir de la escuela, para poder escucharlo.
Ante el insomnio que presenté a los nueve años, mi padre me hacía masaje en la cabeza diciéndome que me quería y que me amaba, que me relajará mientras mi madre me ponía música clásica.
Ese padre que me defendió a capa y espada, ese hombre de imagen severa, pero en el fondo siempre ayudando a los necesitados, a los que teníamos un problema, dándome los viajes que podía y la ropa que me gustaba. En el colegio incluso otras chicas me decían que mi papá me daba todo y que les hubiera gustado tener un padre igual al mío.
Mi padre también era mi amigo, y también mis propios amigos querían a mi padre diciéndome que era muy ocurrente y los hacía reír mucho. Era un hombre justo que aceptaba sus errores y los de otros sin juzgar, pero tratando de ayudar.
Samuel Villa se llamaba, ese hombre rudo con un gran corazón que repartía ropa en invierno a las personas que lo necesitaban creyendo que quería que votarán por algún partido político cuando nunca fue esa su intención.
Samuel era su nombre, siempre lo será en mi corazón y mente, un padre singular, protector, que me ayudaba económica y emocionalmente. Siempre dispuesto a ayudar a otros, en palabras de otros: el tío incondicional.
Murió de Cáncer el 2017, yo estuve con depresión severa durante aproximadamente ocho años, pero aun cuando lo extraño estoy aceptando a vivir sin él sin olvidar a ese hombre de imagen fuerte y severa pero con el fondo y el pasar de los años simple y sencillamente: un ser maravilloso de luz que siempre estuvo conmigo.
Sus consejos: nunca te subas a una moto sin casco ni sin traje ni con nadie más que no sea yo, nunca permitas que te traten mal y sí sucede mándalos lejos y diles bye, nunca me ocultes algo de gravedad ya que como padre tengo que saberlo, nunca firmes papeles que no te cuadren a absolutamente nadie, nunca salgas con hombres que no te gusten o que tengan un perfil violento, si un hombre te grita aléjate de él porque no tardan en empezar los golpes. nunca, nunca, y más nuncas.
Aún existe la gente estúpida que me dice que estoy enamorada de mi padre muerto porque al parecer no entienden lo que es el amor real de un padre, en tal caso prefiero estar enamorada de un padre muerto que dió todo por mi en vida que de cualquier tipejo que no vale la pena, esos que abundan. Las teorías psicoanalíticas retrogradas existen, pero la realidad es una y punto: saber realmente que un padre es una buena persona y no es un crush, es un familiar que te vio crecer y siempre quiso lo mejor para su familia.
Gente estúpida que teoriza todo, pero no entiende un carajo de amor sano, protección y darle a una hija lo que más necesita: apoyo en las situaciones más difíciles.
¡Gracias por todo papá!
Alejandra Villa
Aleluca Villana

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